Posteado por: anaisay | diciembre 4, 2008

INIPI o TEMASCAL

MI DESEO SE HABÍA CUMPLIDO

MI DESEO SE HABÍA CUMPLIDO

La expectación flotaba en el grupo. La noche había tendido su capa oscura y cobijados en la fría carcasa de los coches, subimos montaña arriba. Habíamos tenido una deferencia por parte de los organizadores del inipi al dejarnos subir en coche, puesto que lo habitual, era subir andando, por las sinuosas cuestas del monte.

La curiosidad se había instalado en mi mente desde que me lo comentaron unos meses atrás, aunque no estaba exenta de un vago temor ante lo desconocido.  Al llegar a una explanada y salir del coche, el cielo nimbado de estrellas brillantes me acogió en su sortilegio y poder. La Vía Láctea, como polvos mágicos, se extendía sobre mi cabeza. La satisfacción y agradecimiento también iluminaron mi pecho, al corroborar que mi deseo, de que en esa noche pudieran estar las estrellas presentes se había cumplido.

CEREMONIAL

CEREMONIAL

 

Frente a una puerta que daba acceso a un patio, nos congregamos todos. Allí nos estaban esperando el chaman, la cuidadora, el hombre de fuego, el hombre del agua y otro cuidador.

Nos explicaron el ritual necesario para traspasar esa puerta. Teníamos que entrar girando de izquierda a derecha haciendo un circulo, el chaman, estaba al otro lado de la puerta. Teníamos que pedir permiso: “permiso para entrar” el chamán nos contestaba “”, pero curiosamente, por esas “casualidades de la vida” a mí me dijo “no”, auque luego sonrió y me dijo “pasa”.

Un patio albergaba varias edificaciones bajas, y de camino al edificio del fuego, ví una pequeña tienda circular, nos dijeron que ese era el lugar donde teníamos que entrar. Y “todos” los que no habíamos hecho nunca el inipi, nos quedamos sorprendidos. ¡Vamos a caber todos ahí!  El diámetro no llegaba a los 3 metros.

FUEGO TRANSMUTADOR

FUEGO TRANSMUTADOR

 

Entramos a una sala grande donde había un gran fuego, dentro del cual, las piedras absorbían el poder transmutador de dicho elemento.  Rodeado de troncos en los cuales fuimos acomodándonos.

Mientras nuestras caras brillaban con la luz amarilla del fuego, nuestros oídos atentos, recogían las instrucciones que la cuidadora y el chaman nos decían acerca del ritual.

Una vez dentro del inipi, y hasta que no se abriese la puerta, no se podía salir, y para los más atrevidos se les instaba a ponerse al fondo, que era el lugar donde había más temperatura. Yo, decidí entrar la primera, porque de esa manera si quería salir, estaba al lado de la puerta.

PURIFICACIÓN

PURIFICACIÓN

 

Me levanté y la cuidadora con el humo de unas hierbas purificadoras fue ungiendo mi cuerpo.

Salí al patio y entré en el inipi, había que entrar por el lado izquierdo, rodeando el agujero central destinado a albergar las piedras de fuego. Cuando llegué al otro extremo, ya estaba allí el chaman sentado.

Fueron entrando los demás y acoplándose. Cuando estábamos todos, el hombre de fuego (el que se encargaba de llevar las piedras al inipi,  se acercó  con una piedra candente en una horquilla de metal y ante la puerta grito:

“Primera Abuela” y todos coreamos “Oh chamana”, y dejó la piedra en el círculo que a modo de brasero estaba horadado en la tierra. (Las piedras que se usan son de arenisca blanda, pues tienen que tener unas características adecuadas para que no se hagan grietas al estar expuestas a tanta temperatura). Las piedras tienen la memoria del planeta y la sabiduría del Universo.

 El chamán echó un puñadito de hierbas (salvia y copal) encima de la piedra y un agradable aroma circuló sobre nuestras cabezas. De nuevo el hombre de fuego  vino con la segunda abuela, repitiendo el ceremonial, hasta un total de 7 abuelas.

EXPLORARSE A SÍ MISMO

EXPLORARSE A SÍ MISMO

 

Llegó el momento de bajar la cortina, todo quedó oscuro, sólo el resplandor de las piedras en el centro, permitía observar una imagen rojiza y borrosa de los que teníamos enfrente.

Transcurridos unos segundos, una persona manifestó su deseo de irse, fue seguida de tres más.

De nuevo la oscuridad, mi corazón se aceleró un poco. ¿Podría yo aguantar o sería mejor irme? Decidí quedarme. El chaman comenzó a echar agua sobre las piedras, una densa nube de vapor cayó sobre mi cuerpo. (Echar el agua encima de las piedras, hacía que se despertase la memoria de las piedras y nosotros, al inhalar ese vapor de agua, estábamos teniendo acceso a esa sabiduría encerrada en ellas).

El calor aumentaba. La cuidadora y el chaman comenzaron a tocar un instrumento y a cantar. Ésto hizo que me distrajera un poco. Comenzaron a hablar del significado de “la primera puerta”, que era el periodo que  transcurría desde ese momento hasta que de  nuevo se abriera la cortina. Correspondía a la etapa de la infancia, de la inocencia, del contacto con lo nuevo o desconocido,  con el aprendizaje, con la primavera…

No sé cuanto tiempo estuve, una lucha interna se debatía entre mantener el control mental, o dejarme llevar por las emociones y querer salir de allí corriendo.

Y escuché ¡PRIMERA PUERTA!  La cortina se abrió. Una bocanada de aire fresco me acaricio el rostro. Una sensación de alivio se posó en mí.

SALTO AL VACÍO

SALTO AL VACÍO

 

¿Qué hago? ¿Y si la segunda puerta es más difícil?  Decidí irme. Se lo comuniqué al chaman. Éste me comentó: -Puedes aguantar un poco más-. Sí le dije creo que sí.

-Si quieres puedes tumbarte,  al sentir la tierra tendrás menos calor-

El hombre de fuego fue introduciendo otras 5 abuelas. La cortina se cerró y de nuevo estaba entre el vacío interno y la algarabía externa de cantos, plegarias, risas…

Sentí tierra y hierba en mi cabeza, me sentí más aliviada. De esta manera no era tan sofocante, aunque el sudor interno y el vapor externo empapaban mi cuerpo. Seguía luchando por controlar mi mente, por no sentir pánico.

Me veía acurrucada junto al chaman y mi amiga. Estos me preguntaban si me encontraba bien. -Sí, estoy bien- Pero deseaba que pasara el tiempo, que terminara el periodo de la segunda puerta. Esta segunda puerta representaba el periodo de la juventud, de la relación con los otros, el desarrollo de nuestras capacidades, el verano…

Por fin “SEGUNDA PUERTA” se oyó, la algarabía brotó de casi todos. Era como conquistar un logro personal y grupal. Inspiramos el frescor de la noche. El calor sofocante,  era en parte mitigado por la visión de la puerta abierta, porque con tan poco tiempo no era posible que se ventilara del todo. Un chico del grupo decidió irse.

LÁGRIMAS DEL CUERPO

LÁGRIMAS DEL CUERPO

 

De nuevo el hombre de fuego fue llegando con 5  abuelas más. Con cada piedra que entraba, yo deseaba que no metieran más, las ponían más cerca de donde yo estaba, lo cual me producía la sensación de más calor. Me quedé, esta vez, había soportado mejor el proceso.

La segunda puerta, era la puerta de la madurez, del otoño, de la recogida de los frutos de la vida…

Me volví a acurrucar en el suelo, pero a medida que los demás decían plegarias, cantos… yo me empecé a sentir incómoda, ya no tanto por el calor, por el sudor, por la postura, por la algarabía…No, era algo interno. ¿Que hacía yo allí? ¿Por qué tenía que aguantar? ¿Es que tenía que demostrar algo a alguien? ¿A mí misma? No, no tenía que demostrar nada ni a mí ni a  nadie.

Sentí que desde muy pequeña mi vida se había enfocado a demostrar…cualidades personales para ser aceptada, valorada, querida.

Yo era válida. No necesitaba mostrar. Yo era digna de ser amada por lo que era, no por las cualidades que tuviese, ni por lo que hiciese. Somos nosotros mismos los que nos ponemos los obstáculos o pruebas para manifestar lo que supuestamente nos hace ser dignatarios de amor.

Sentí el sudor resbalando sobre mis ojos, me sequé con el pareo mojado y me pregunte: ¿Para qué necesito pasarlo mal, sufrir? En ese momento, decidí salir cuando la cortina se abriera. No necesitaba el sufrimiento para seguir creciendo como persona, como alma.

EL VIENTO TRAE EL LENGUAJE

EL VIENTO TRAE EL LENGUAJE

 

“TERCERA PUERTA” gritaron. Me incorporé y le dije al chaman que me iba.Bien dijeron algunos, has aguantado hasta casi el final. No contesté, pero sonreí. “No tenía nada que demostrar aguantando hasta el final”

Una matrona, me acogió en su calidez sencilla, natural. Me llevo donde estaba el hombre del agua, me puse frente a él, vertió un cubo de agua fría sobre mi cabeza. Sentí el agua helada. La respiración se me cortó, tomé resuello y otra avalancha de agua cubrió mi espalda. Caminé unos pasos ¡ya, ya, ya, no quiero más agua balbuceé! Me fui hacia la matrona. El hombre del agua me comentó que sería bueno que me echara otro cubo. Lo pensé, bueno dije, y me dirigí de nuevo hacia él. El agua fría traspasó mi cuerpo, llegando hasta mis huesos. La respiración se paró, y el instinto de supervivencia me hizo respirar.

 Me dirigí a la sala del fuego, la matrona me ofreció un vaso de agua y me dijo que comiera algo. Me sequé, cambié de ropa y observé a los que estaban allí. Algunos estaban tendidos, o sentados junto al fuego sin hablar.

ABRIRSE A LA VIDA

ABRIRSE A LA VIDA

 

Salí al exterior. Me sentía muy bien. Vi la luna que se dibujaba tras las ramas de un bello árbol. Sentí la noche. El hombre del agua y la matrona hablaban, pero yo, estaba en mis percepciones.

“CUARTA PUERTA”  había acabado el ultimo periodo, el invierno, el de la vejez, donde el reposo, la menor actividad nos invita a la introspección, y el alma necesita ser reconocida.

Se abrió la cortina. Comenzaron a salir uno a uno lentamente. Yo ayudé a salir, recibiendo con un abrazo de bienvenida a varias personas. Sentí sus cuerpos empapados, su apertura, su entrega. Habían salido del útero materno y a diferencia de su primer nacimiento, esta vez eran conscientes y eran acogidos por el abrazo de las matronas. El agua fría, que cortaba el aliento, era la ruptura del cordón umbilical,  los hacía integrarse en la “realidad” terrena.

Dentro de la sala del fuego, fuimos contactando, comimos y se hizo una rueda en la que cada uno fue relatando su experiencia. Algunos se quedaron a dormir allí. Otros querían continuar un rato más. Yo deseaba volver a la habitación de la casa rural, quería estar a solas, reposar mi experiencia.

LOS CUATRO ELEMENTOS

LOS CUATRO ELEMENTOS

 

Por supuesto que cada uno de los 22 que estuvimos en el inipi, tuvo su propia experiencia y si la contasen, como yo lo he hecho aquí, parecería que estuviésemos  hablando de cosas distintas. Tampoco he detallado con detalle el significado ancestral del inipi. Tan sólo os he traído un recuerdo de mi experiencia.

Que el espíritu del Fuego, Agua, Tierra, y  el Viento os bendigan.

Escritos de Anaisay

 

 

 

 


Responses

  1. Me alegro de que el contacto con los elementos de la Naturaleza haya revitalizado tu cuerpomente de urbanita buscadora de experiencias transcendentales (con todas las comodidades).
    La criatura humana, perdida la armonía con la Naturaleza, ha tratado de encontrar un nuevo equilibrio del ser humano a lo largo de miles de generaciones. Satisfechas las necesidades animales básicas, necesitamos encontrarnos más allá del animal que somos. Mitos, rituales, religiones, … han ido acompañándonos e incluso nos han dado la fuerza del clan, sacándonos de la soledad del individuo. Espero que la experiencia te ayude a revitalizar tu cuerpo y tu espíritu. Un abrazo.

  2. Puf… Menuda esperiencia! Ojalá algún día tuviera una experiencia como esa🙂

    Saludos!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: