Aprovechando esta bonanza de sol, me he ido a la Pedriza. Al llegar, más de 30 coches, como una hilera de hormigas multicolor, estaban en la puerta de entrada, esperando a que salieran coches para poder ir entrando uno a uno.
Eran las 10 de la mañana y, ante el pronóstico de estar esperando casi una hora, me decidí por subir andando hasta Quebranta herraduras.
Al cruzar la verja, y comenzar la senda, el olor a pino y ciprés me dan la bienvenida a este Parque Natural de la Cuenca alta del Manzanares, tan bello y cercano a Madrid.Otras personas, también han decidido no esperar dentro del coche y, compartimos juntos la subida.
Quebranta herraduras, os podéis imaginar, porque le llaman así, es una subida en zigzag, cuando llegas arriba hay un mini-parking, y un mirador, desde donde contemplo el paisaje. A lo lejos, unas preciosas y enormes cumbres graníticas coronan el valle, donde los colores del Otoño, tiñen de amarillos, ocres y dorados los árboles.
Desde este lugar ya es bajada. Una pequeña senda marcada, transcurre entre arbustos de escaramujos, espino albar, cantueso, enebros, tomillo, y de romero que perfuman el aire matinal serrano.
Las jaras, están especialmente llamativas, no por sus flores, pues no es tiempo de floración, sino por su aroma y por sus hojas pringosas que relucen como si estuvieran barnizadas de miel.
El murmullo del río hace que me dirija hacia la senda que bordea el río, antes de llegar a Canto cochino. Una gran explanada junto a un macizo rocoso bajo, invita a cruzar el puente (una vieja viga de hormigón de menos de medio metro de ancho.
El río, que con las escasas lluvias no lleva mucho caudal, pero tiene ese encanto que me atrae, que me susurra para que me quede en su orilla y contemple sus aguas, límpidos cristales, que reflejan los árboles y el azul del cielo.
Sentada en una piedra, junto al río, cierro los ojos y respiro. Inhalo el aroma del agua, su ronroneo, su sabor. Adoro los ríos, me atraen como un imán. Paseo por su orilla, entre árboles cuyos troncos hacen extrañas figuras y, cuyas raíces, salen de la tierra para formar engarzados laberintos entre los cuales yo camino.
Junto al puente hay un chiringuito muy rudimentario, donde me tomo un bocata, mientras contemplo el cauce fluvial. Una perra bóxer, de los dueños del kiosco, juega con un palo dando piruetas en el aire.
Estoy a gusto, en un bellísimo paisaje, donde la calma interior se alía con la naturaleza, y me doy cuenta de lo afortunada que soy.
Escritos de Anaís






Más o menos, eso hice yo el finde pasado. Sólo que yo empecé por el Yelmo y llegamos a Charca Verde.
Del chiringuito me fijé al ir, que hacían cocido a la lumbre, a la vuelta vi a una pareja con una cazuela de barro comiéndoselo…
No veas la envidia, aunque hacía demasiado calor para el cocido… ¡¡hasta metí los pies en el río!!
Unas fotos preciosas…
Por: Nynaeve el octubre 31, 2009
a las 8:39 pm
Algo similar hice yo hace unos días. Bonitas fotos y descriptivo relato. A ver si llueve y se reverdece un poco, que este año no ha habido ni moras. Ojalá coincidamos próximante.
Por: Alcaudoncillo el noviembre 29, 2009
a las 10:07 pm