Me despierto con la claridad de la mañana, me asomo a la ventana, las nubes han bajado y se encuentran besando el valle, me estremezco al ver tan lindo paisaje. Es hora de recoger y de marcharse. Han sido dos semanas en las cuales, como en otras ocasiones, mi corazón se ha quedado enamorado de Asturias.
Mientras el coche pone rumbo a casa, desfilan por mi mente recuerdos, sabores. Se agolpan sensaciones, vivencias. Imágenes de valles con amplios ríos, que corren gozosos y limpios, sentada en la hierba, almuerzo contemplando las altas montañas, donde horas antes he recorrido en busca de los lagos glaciares de Silencia. El Sol ha presidido mi caminata y una suave brisa, me han hecho más llevadero el recorrido.
Pese a lo escarpado de la subida, he contemplado las aguas de nieve del invierno anterior, ahora parecen oasis, donde el cielo proyecta su color azul intenso.
He viajado a través del tiempo, rememorando otras formas de vida rurales de la España profunda al visitar los teitos, que a modo de museo, se pueden visitar en Veiga.
Los cacharros que se encuentran en su interior, muestran la forma austera de vivir no hace tantas décadas atrás, en los pueblos de nuestra geografía.
El obturador de mi cámara no para de disparar imágenes, en un frenesí de querer atrapar el pasado para poder ser mostrado.
He visitado faros, emplazados en elevados cabos, que se adentran en el bravío mar Cantábrico. El movimiento de sus olas, dejan una estela de tonalidades azules que me embriagan.
Las gaviotas vuelan confiadas en los remolinos de aire que surcan los acantilados. Intrépidos pescadores, se adentran en difíciles sendas para cobrar tributo al mar con sus largas cañas, y con la paciencia como baluarte.
Calas pequeñas y recogidas o amplias playas, me ofrecen sus guijarros o su fina arena, para caminar sobre ellas o para adentrarme en el agua salada que baña mi cuerpo.
Sendas entre desfiladeros majestuosos, horadados por ríos, con su manto arbóreo y densa vegetación permiten el discurrir de mis pasos, a la espera o en el temor de encontrar algún oso descabalado.
Y sobre todo, si la belleza del paisaje, ha llenado mi pecho de gozo y satisfacción, hay algo que ha llegado a lo más profundo, las personas que he tenido la ocasión de conocer. Dependientas de supermercados, que me han mirado y tratado con ternura y amabilidad. Un librero en Trevias, me cuenta, como dejó una gran ciudad para volver a su pueblo, donde la vida cursa sin estrés, y sobre todo, donde volvió a darse cuenta que es más fácil relacionarse con las personas, porque no hay prisas.
Jóvenes socorristas en la playa del Aguilar, con la determinación de mantener a los bañistas en los límites de seguridad, me emocionó el esmero con el que desempeñaban su trabajo. Viejecitas que me han indicado caminos que llevaban a “todos los sitios”, y sus límpidos ojos llenos de luz y acercamiento se han quedado en un hueco de mi corazón, para recordarme una vez más, lo hermoso que es el ser humano.
Escritos de Anaisay












Cualquier lugar de este maravilloso pais donde vivo, me ofrece lugares, paraisos, donde sentirme a gusto.
Supongo que tú tambien tienes tus paraisos. Saber encontrar esos lugares con encanto, a veces, sólo dependede nuestra forma de mirar loque nos rodea.
Por: anaisay el Agosto 6, 2009
a las 6:03 pm
Hermosas imágenes y lindas palabras que salen de un gran corazón. Es un placer poder compartir parte de tu ser. Que el paraiso natural siga inundando tu alma allá donde te encuentres y en cada momento sepas encontrar la magia de la vida. Un bioabrazo.
Por: Alcaudoncillo el Agosto 8, 2009
a las 5:23 pm
Qué bonito comprobar que Asturias sigue conservando todo su encanto. Gracias por traernos esas imágenes evocadoras de tiempos felices.
Cuando veo estos lugares sé que estoy necesitando irme hacia ellos, aunque sea unos momentos.
Un beso muy grande, con abrazo gordo!!!
Por: klimtbalan el Agosto 9, 2009
a las 8:05 pm
Vaya…precioso escrito que enmarcan las geniales fotos! Hermosísima tierra Asturias captadas por tu objetivo!
Por: kiram el Agosto 20, 2009
a las 10:25 pm